En la zona gris, o la importancia del subtexto.

Fotografía de la película En la zona gris, dirigida por Guy Ritchie.

En esta colaboración para el blog, el crítico de cine Cuauhtémoc Cuéllar Escamilla escribe sobre la película En la zona gris, filme del director inglés Guy Ritchie, actualmente en cartelera. El ojo avispado de Cuéllar Escamilla se detiene particularmente en el trasfondo que, desde su lectura, es posible entrever en la cinta.

Hasta poco antes de la entrada de los sistemas de televisión por cable, primero en los años 80s y la posterior irrupción del internet masivo a mediados de los 90s, el cine como medio de comunicación fue muy valorado.

Escaseaban los espacios y formatos para dar a conocer ciertos hechos o noticias de manera propicia para su cabal comprensión. De ahí la notoriedad que alcanzaron films como All the presidents men, (Alan J. Pakula, 1976), o JFK (Oliver Stone, 1991), amén de inolvidables puestas en cuestión de Konstantinos Costa-Gavras y tantísimos otros, muchas veces tan disímbolos como Paul Thomas Anderson (There will be blood, 2007) ya en plena era de internet, o la actualización del mismísimo Oliver Stone con Savages (2012), Scott Ridley y muchísimos otros.

Guy Ritchie (Hertfordshire, England, 10 de septiembre de 1968) no podría considerarse en este tenor. Creador de una filmografía tan extensa como variada en sus temas y motivaciones, se puede decir que alcanzó algunos momentos cumbre con ciertas temáticas del cine de entretenimiento donde exhibía una atención al detalle, el gesto y la dirección actoral que sí, rozaba sutilmente los dinteles del arte cinematográfico, como Snatch, Cerdos y Diamantes (2000), donde conjunta un cuerpo actoral que difícilmente tendría algo en común, como Brad Pitt y Jasson Stathman, pero que, con atención a la gestualidad y las estructuras cuidadosamente armadas y mejor implementadas, consigue realizar una cuidadosa pieza de filigrana basada en el estereotipo del cine de gángsters.

Zona Gris, el filme que motiva estas líneas y por ahora en las carteleras mexicanas y tabasqueñas, podría parecerse a ese rubro. Un gángster español con cara de mexicano, se roba mil millones de dólares mediante un elaborado entramado entre gestores de capital, políticos y mujeres abogadas especialistas en cobranzas rudas. Dar de baja a quien haya que hacerlo no está a discusión, cómo tampoco el poder político entre el que se mueven tempestuosas aguas.

La película es muy rápida; en acción y en diálogos. Muy pronto estamos ante una escalada de intercepciones informáticas, espionaje, implementación de operativos, desplazamientos por todo el globo terráqueo, estudios y evaluación del terreno y sí, la inevitable escalada de balazos, bombazos, persecuciones trepidantes, emboscadas y todo lo que el cine de acción es capaz de conjuntar. Todo es cronométrico y sale a pedir de boca; hasta con el inevitable sacrificio honorable de un negro y la hija, amante o hermana de la protagonista heroína, cual mexicana justiciera.

Esta compatriota, en una jugada digna de atención, logra cobrar los mil millones previamente estafados por este español con cara de mexicano, pero siendo todo un cacique, dueño de una isla, con poder total sobre vidas y almas, no tolera la humillación y la traiciona. Pero, ¡oh sorpresa!, el equipo está preparado para esto y el español con cara de mexicano termina, después de incontables piruetas, maniatado en un contenedor que es localizado e inspeccionado por el FBI en las costas de Miami. Y tan tan. La peli se acabó.

La película es muy rápida; en acción y en diálogos. Muy pronto estamos ante una escalada de intercepciones informáticas, espionaje, implementación de operativos, desplazamientos por todo el globo terráqueo, estudios y evaluación del terreno…

No obstante, cuando la audiencia se confunde como esperando algo más, las luces se encienden y comienzan los créditos y me queda claro todo; México cuenta ya, total y absolutamente, como República Bananera. Todo cuadra; más allá de los protagonistas y sus contextos, está un yate y un jet confiscados, un operativo paramilitar para operar en tierras del cacique, la habilidad para salir de una emboscada, la intervención de los servicios financieros y de capital para esconder y movilizar astronómicas cantidades de dinero y, la joya de la corona, la inevitable debacle de un cacique incapaz de mantener a raya su ambición, y que pudiéndose retirar tranquilamente con todo lo que ha robado, le da por creer que, por tener una pequeña ínsula bajo su control, pretendiendo situarse por encima de entidades mil veces más poderosas que él y con ello, por encima de todo el mundo, se queda peor que un gallego después de un pésimo chiste.

No sé a ustedes, pero a mí me sonó como un caso muy familiar. Y además, oportuno, como todo esa cinematografía que se consideró durante mucho tiempo, un medio de comunicación masiva.

CDYP

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Acerca del autor

Cuauhtémoc Cuéllar Escamilla
(Villahermosa Tabasco, 1962). Hace crítica de cine desde 1999, periodismo cultural desde 1989 y columna política desde 1984. En 2001 fundó la Sala de Arte Antonio Ocampo Ramírez, en Villahermosa, Tabasco y en 2007 fue uno de los siete fundadores del ahora desaparecido Centro Cinematográfico del Sureste. En 2008, 2009 y 2010 configuró la Reseña de Cine Invisible en México, un proyecto de exhibición que fue apadrinado por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. En 2012 realizó la producción ejecutiva del cortometraje stop motion "Pulk, el gato que quería nadar", para el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Actualmente continúa publicando sus reseñas críticas en diversos diarios locales y digitales, al tiempo que estructura un nuevo proyecto de convivencia cinematográfica para su ciudad.

About Cuauhtémoc Cuéllar Escamilla

(Villahermosa Tabasco, 1962). Hace crítica de cine desde 1999, periodismo cultural desde 1989 y columna política desde 1984. En 2001 fundó la Sala de Arte Antonio Ocampo Ramírez, en Villahermosa, Tabasco y en 2007 fue uno de los siete fundadores del ahora desaparecido Centro Cinematográfico del Sureste. En 2008, 2009 y 2010 configuró la Reseña de Cine Invisible en México, un proyecto de exhibición que fue apadrinado por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. En 2012 realizó la producción ejecutiva del cortometraje stop motion "Pulk, el gato que quería nadar", para el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Actualmente continúa publicando sus reseñas críticas en diversos diarios locales y digitales, al tiempo que estructura un nuevo proyecto de convivencia cinematográfica para su ciudad.