La chica de Colonia.

Fotografía de Kӧln 75, largometraje germano-polaco-belga estrenado en 2025.

En esta nueva colaboración para el blog, Cuauhtémoc Cuéllar se aproxima a la cinta Kӧln 75, del director y guionista israelí Ido Fulk. El punto de vista de Fulk sobre el célebre concierto que en 1975 ofreciera en el Teatro de la Ópera de Colonia el virtuoso pianista norteamericano Keith Jarret (organizado por la entonces adolescente Vera Brandes) es el eje alrededor del cual gira el argumento del texto.

Que el público lego considere una extravagancia o, peor aún, un capricho propio de un niño consentido o de un artista con el ego exageradamente inflamado el que un músico como Keith Jarret (8 de mayo de 1945, Allentown, Pennsylvania) solicitara para su presentación en el Teatro de la Ópera de Colonia (Alemania, 1975) un Bӧsendorfer Imperial es comprensible.

El público suele ser así. Considera que el artista se debe a él y eso le basta para manifestar su insolencia. Aunque ignore lo más básico y en lo que más podría fijarse semejante público: que se trata de una pieza de excepción con un costo que oscila entre los siete y los quince millones de pesos, y que su excepcionalidad se basa en una construcción especial que incluye una octava adicional de bajos, para la cual toda la estructura del Grand Piano ha sido rediseñada, dotando al instrumento de una sonoridad totalmente fuera de este mundo. El instrumento, además, fue concebido especialmente por el legendario fabricante para que el virtuoso Ferruccio Busoni (Empoli, Italia 1866 – Berlín, Alemania 1824) pudiera tocar las transcripciones de órgano de Johann Sebastian Bach.

Si aun así, no se comprende la solicitud de Jarret, basta con mirar brevemente el dossier de un músico con oído absoluto que antes de cumplir diez años ya daba conciertos interpretando a Mozart, Bach,  Beethoven y Saint-Saēns, rechazando ya en su adolescencia la invitación de la famosa profesora parisina Nadia Boulanger para recibir formación clásica, debido fundamentalmente a su propio interés por el jazz.

Ya poco después, al concluir su highschool, se traslada a Boston para matricularse en el prestigiado Berklee College of Music y tan sólo un año después comienza su propia leyenda en el Vanguard Village de Nueva York, de donde pronto pasa a formar parte de los Jazz Messengers  y luego del cuarteto de Charles Loyd, para pasar también por otras agrupaciones, como la de Charlie Haden, e ingresar al prestigiado catálogo de Atlantic Records. Rechaza varias veces a Miles Davis, antes de unirse finalmente a él, y llega a formar varios tríos y cuartetos, para después tocar con gente como Chick Corea, Aldo Romano, Jan Garbarek o Arvo Part. Es decir, a los 25 años, Keith Jarret era una leyenda viviente.

Y entonces, decíamos que se comprende que el público lego es capaz, en su profunda ignorancia y deseo de satisfacción, que se ignoren todos estos pormenores; lo que no se comprende es que un director de cine no sólo haga caso omiso de lo mismo para hacer ver, por boca de su protagonista, que el artista es un ser con un ego desmesurado al no aceptar hacer su concierto en un piano todo desvencijado y desafinado, y que además va a ser grabado por la disquera con la cual hay un contrato firmado.

Es muy notorio que el director ha hecho todo esto innecesariamente para resaltar la figura de una joven que con furor uterino se ha metido a promotora de músicos de jazz, fundamentalmente, según su propio relato, porque se los quiere coger. Lo cual no está mal, ni bien, sino que sólo denuncia su propia falta de conocimiento para la ocupación que escoge bajo la desaprobación de sus padres, valor inequívoco del feminismo que a pesar de todo es propiciatorio de todas las cosas.

Y todavía falta descubrir que, para redondear la gracia y humanidad del personaje, incluya una leyenda urbana que afirma que el piano que solicitó el artista estaba escondido en un rincón del Teatro de la Ópera y que si no se llegó a él, fue por la inadmisible misantropía de la burocracia, que sea mexicana o alemana, no deja de ser la misma excrecencia.

El director, pretendiendo ser cuidadoso, inscribe su relato en el terreno del falso documental. Tal vez inspirado por Woody Allen (Sweet & Lowdown, 1999), quien al menos tuvo la cordura de usar un personaje de ficción para su estrambótico film: Emmet Ray (Sean Penn), guitarrista de altos vuelos pero acomplejado por su admiración hacia el elefantiásico –y ese sí de la vida real– Django Reinhard. Pero lo que a Allen sirve para construir un desternillante y formidable relato, al director israelí avecindado en  Nueva York, Ido Fulk (17 de diciembre de 1980) le da para ponerse mesiánico, traspolando hechos para conducir a su verdad: que el furor uterino está por encima del genio creativo.

Y todavía se las arregla para darnos unas provechosas lecciones de música e historiografía de jazz con una estética que ya anunciaba Peter Greenaway con filmes como Una Zeta y dos O (1985) y desarrolló con otros como The pillow book (1996) y llevó a sus límites con The Tulse Lupper suitcases (2003). La intertextualidad, y ese tipo de cosas tan de moda a finales del milenio.

¿Que si es una buena película? Bueno, en algún grado divierte, pero de la manera equivocada y construyendo una idea errónea acerca del músico y relativizando la importancia de uno de los conciertos de piano más bellos de todos los tiempos. Pero divierte, y además en algo educa al respecto de la música y de los procesos creativos del músico. Si hay algo más que pudiera decirse, al menos por ahora, es que a lo largo del filme no se escucha una sola nota del exquisito The Kōln Concert, por lo que, si no lo conoce, vale la pena que lo mande a pedir vía Amazon o algo semejante, ya que los propietarios de los derechos los cuidan mucho y los bajan constantemente de YouTube y otras plataformas.

El director, pretendiendo ser cuidadoso, inscribe su relato en el terreno del falso documental. Tal vez inspirado por Woody Allen (Sweet & Lowdown, 1999), quien al menos tuvo la cordura de usar un personaje de ficción para su estrambótico film: Emmet Ray (Sean Penn), guitarrista de altos vuelos pero acomplejado por su admiración hacia el elefantiásico –y ese sí de la vida real–Django Reinhard. 

La película, si bien la vi en la efímera y raquítica selección que se hace en o para la Muestra Internacional de Cine que desde hace unos pocos años celebra la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, parece ser que estará disponible una vez más, pero ahora en Julio, en el Centro Cultural Villahermosa que dirige la siempre bella Sara Alicia Priego, donde a pesar de sus esfuerzos y al igual que en la Universidad, no se disfruta de la mejor experiencia. Sus pantallas están descalibradas y los ajustes de audio se hacen al “ay se va”, no respetando ningún parámetro de la exhibición del cine de calidad, mientras los asistentes deben, en alguna medida, soportar el placeo de funcionarios al que los burócratas deben la habilitación de sus plazas.

Pero el personal que coordina Sarita es muy amable, atento y comedido, haciendo que en alguna medida y con todas las fallas, sea mejor ver la película en un auditorio con pantalla enorme que verla en la infamante pantalla de tecnología obsoleta, comprada a meses sin intereses en alguna lonchera de la ciudad, y dispuesta en la sala de estar de algún domicilio particular.

Ficha mínima.

Kӧln 75. Producción: Alemania, 2025. Director: Ido Fulk. Guión: Ido Fulk. Fotografía: Jens Harant. Montaje: Anja Siemens. Música: Hubert Walkowski. Elenco: Marla Emde, John Magaro, Alexander Scheer, Michael Chermus, Ulrich Tukur, Jordīs Triebel, Suzane Wolff. Productoras: One Two Films, Extreme Emitions, Alamode Films, Lemmie film Belgīe. Duración: 116 Minutos.

CDYP

Ingresa tus datos para suscribirte al boletín del blog y recibe como obsequio en tu correo (en versión digital formato PDF) los tres primeros relatos de “Con daños y prejuicios”, mi último libro.

COMPARTE EN TUS REDES

Acerca del autor

Cuauhtémoc Cuéllar Escamilla
(Villahermosa Tabasco, 1962). Hace crítica de cine desde 1999, periodismo cultural desde 1989 y columna política desde 1984. En 2001 fundó la Sala de Arte Antonio Ocampo Ramírez, en Villahermosa, Tabasco y en 2007 fue uno de los siete fundadores del ahora desaparecido Centro Cinematográfico del Sureste. En 2008, 2009 y 2010 configuró la Reseña de Cine Invisible en México, un proyecto de exhibición que fue apadrinado por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. En 2012 realizó la producción ejecutiva del cortometraje stop motion "Pulk, el gato que quería nadar", para el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Actualmente continúa publicando sus reseñas críticas en diversos diarios locales y digitales, al tiempo que estructura un nuevo proyecto de convivencia cinematográfica para su ciudad.

About Cuauhtémoc Cuéllar Escamilla

(Villahermosa Tabasco, 1962). Hace crítica de cine desde 1999, periodismo cultural desde 1989 y columna política desde 1984. En 2001 fundó la Sala de Arte Antonio Ocampo Ramírez, en Villahermosa, Tabasco y en 2007 fue uno de los siete fundadores del ahora desaparecido Centro Cinematográfico del Sureste. En 2008, 2009 y 2010 configuró la Reseña de Cine Invisible en México, un proyecto de exhibición que fue apadrinado por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. En 2012 realizó la producción ejecutiva del cortometraje stop motion "Pulk, el gato que quería nadar", para el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Actualmente continúa publicando sus reseñas críticas en diversos diarios locales y digitales, al tiempo que estructura un nuevo proyecto de convivencia cinematográfica para su ciudad.