El ciclo escolar de tercer grado.

En este relato escolar, perteneciente a la colección de textos agrupados bajo el título de La fila de los burros, Ana Luisa Bustos rememora su paso por la escuela primaria y trae a colación algunos recuerdos desdibujados de una cierta maestra de tercer grado.

Primer día de clases con la nueva maestra de tercer grado. La profesora Martha Martínez Sánchez, llegó a mitad de ciclo escolar. Dijo que venía de Coatzacoalcos, Veracruz.

Entre sollozos y lágrimas nos enseñó que nuestra escuela era fea. ¡Sólo tenía dos aulas! Y dos grupos que atender en el mismo espacio. Nos preguntamos: “¿Qué de malo tenía la escuela?” Si tenía todo. Un patio grande para jugar, tamarindos que comer, flores de colores, una campana para anunciar el recreo, una ruina para explorar en el terreno de al lado. ¡Qué tonta, la maestra!

Segundo día de clases: la tarea.

La Maestra M. (“la nueva”, dije en casa) nos encomendó una labor super interesante. La consigna era: llevar una bolsita llena de arena a la escuela. Con gran entusiasmo, fui al arrollo con mis hermanos. Secamos la arena bajo el brillante sol y muy temprano mi madre me ayudó a poner un moñito de tela color roja a la bolsa de arena. ¡Quedó sencillamente hermosa!

La maestra M. nos pidió que colocáramos nuestra arena en el suelo. Hicimos una franja de tres metros frente al pizarrón. ¿Y el experimento? Teníamos que hincarnos y repetir las tablas de multiplicar. Si no memorizábamos, recibiamos dos reglazos (uno en cada mano). Después nos apretaba de la cabeza hacia abajo para que la arena se nos enterrara en las rodillas. Fin de la clase.

Tercer día de clases: la cartulina.

La tarea siguiente consistía en llevar una cartulina. La maestra M. nos dió un molde para calcar una tiara o franja del tamaño de nuestra cabeza. Dos de mis amigas vinieron a casa, pues les prometí compartir mi cartulina rosa. Es bien sabido que en los pueblitos el papel escolar es a veces asunto de provilegiados.

Juntas, Rocio, Liliana y yo trazamos el molde tratando de adivinar un divertido diseño: una corona, ¿para ser reina y rey, o tal vez le pondríamos flores? ¡No! Fue para ponernos orejas de burro y portarlas ante cualquier fragilidad de nuestro aprendizaje. Salir al recreo con las orejas de burro y sentarnos en el columpio, sin derecho a comer, era lo cotidiano.

La maestra M. no comió jamás los dulces que hacían para ella nuestras madres (de leche, de ciruela, de nanche, de papaya). No aceptó un heladito de coco de los que yo vendía en el recreo. Tampoco nos permitió probarnos sus zapatos, no podíamos acercarnos para oler su perfume, y jamás escribió una frase en nuestros cuadernos.

Así terminó el ciclo escolar de la maestra M., con su firma en manuscrito o cursiva, dos letras M unidas en el trazo y una gran S. Su legado en mi carpeta escolar fue una boleta inconclusa. No recuerdo sus manos, tampoco recuerdo sus ojos. No recuerdo su olor. Sólo recuerdo aquellos días sentada en el columpio, con mis orejas de burro color rosa.

He buscado a la maestra M. en el internet, he querido encontrarla y saber de ella, quisiera decirle que ya no vivo en el pueblo, quiero confiarle que gracias a ella durante muchos años odié escuchar el crujido de las manzanas.

Hoy en el mediterráneo francés me he reconciliado con el aroma, el color y el sabor de la fruta prohibida. Cambiaría mil manzanas por un caimito, un huapaque, un mango pájaro o un tamarindo.

¿Dónde estas M.? ¿Cuántas filas de burro hiciste en tu vida? ¿Que sentirías al verme? ¿Me escucharías? Ella se llamaba Martha, se llamaba Martha, se llamaba así

P. D. Educar para la vida es educar más allá de la escuela, sostiene la UNESCO.

CDYP

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Acerca del autor

Ana Luisa Bustos Ramón
Mexicana radicada en Francia. Doctora en Educación Ambiental, Maestra y Licenciada en Ciencias de la Educación. Autora de diversos artículos, capítulos de libros y materiales educativos. Apasionada de la escritura, la pintura y la investigación educativa. Actualmente trabaja para el Ministère de l’Éducation nationale, de l’Enseignement supérieur et de la Recherche, en
Francia.

About Ana Luisa Bustos Ramón

Mexicana radicada en Francia. Doctora en Educación Ambiental, Maestra y Licenciada en Ciencias de la Educación. Autora de diversos artículos, capítulos de libros y materiales educativos. Apasionada de la escritura, la pintura y la investigación educativa. Actualmente trabaja para el Ministère de l’Éducation nationale, de l’Enseignement supérieur et de la Recherche, en Francia.