El viaje en la obra narrativa de Álvaro Mutis (tercera parte).*

Álvaro Mutis (1923-2013)

En esta tercera parte de su texto sobre el viaje en la narrativa del escritor colombiano Álvaro Mutis, Kristian Cerino describe los peligros a los que se enfrenta Maqroll el Gaviero en el último viaje tierra adentro, narrado en la novela Un bel morir. Los peligros que sortea, la desaparición de los asideros que lo anclan a rutas seguras y conocidas, así como la muerte violenta de personajes cercanos a él en afecto, marcan de forma insalvable su última travesía por el páramo.

Viajar por tierra

Entre un viaje y otro hay una espera por múltiples factores: el cansancio de las mulas, la llegada de más cajas con armas, el dinero para costear el ascenso, la sospecha de lo ilegal, el clima.

¿Cuál es la diferencia entre el primer viaje y el segundo? Podría ser la pérdida de voluntad, de fuerzas, de mulas. En este segundo viaje, Maqroll confirma su sospecha de caminar sobre un suelo de revueltas, se da cuenta que ha sido usado para transportar armas. Su observación y las conjeturas de Zuro le permiten hacer nuevas conclusiones sobre lo que está ocurriendo en el monte.

Para entonces, ya sabe que los dichosos belgas (un alemán y otro holandés) llegaron a Puerto Plata ante la ausencia de milicianos. En la zona de mayor inclinación Maqroll teme caer, estrellarse contra las rocas del lejanísimo río. El miedo del Gaviero salta con “felina regularidad” (p.110). Estos temores, es probable, estén presentes en las recuas que una de las mulas cae al precipicio. Pese a la caída de la mula cerca de Plan de Santa Ana, el viaje continúa en estos caminos en zigzag (p.93).

Atrás, pero muy atrás, quedó el serpenteo del agua. Lo que se mantiene aquí es el serpenteo del camino, el zigzag de la vía que cada vez se hace angosta. Llueve, truena, relampaguea. Las luces iluminan “los ojos desorbitados” de las mulas (p.103). Llegan a la cabaña de los Mineros para guarecerse de la lluvia y seguir comiendo plátano con café; dormir sobre hojas de frailejón y atender a las mulas que yacen cansadas en el establo. “Los belgas” le recriminan por la pérdida de una mula por lo que es necesario ir por sus restos y por la caja de madera.

El segundo viaje está plagado de pausas como éstas: es necesario salirse de la ruta, hallar los restos, llegar antes que otros, repasar el plan de la caravana, cuidar las recuas que están nerviosas al pasar por un camino angosto, y estar alerta de las asechanzas. Al menos el Gaviero goza de la ventaja que le da el Zuro, conocedor de estos caminos angostos. Deben volver y descender hasta el río (otra vez al río). Sólo hallan residuos de cajas y la etiqueta CZEC, de origen checo. De la herramienta ferroviaria poco se sabe hasta que Aníbal le informa que el contenido era una ametralladora que ya ha confiscado el ejército, que “correrá sangre”, que inteligencia militar supo desde un principio de las armas y que la violencia siempre estuvo en estos lugares. De Maqroll dice que sus aventuras son para él como una lección para aprenderlas.

En este segundo viaje, ya en el descenso al Llano de los Álvarez, Aníbal pide al Gaviero marcharse de Puerto Plata y ayudar al capitán Segura a transportar las últimas cajas a la Cuchilla del Tambo, con la venia del ejército y a sabiendas de que es peligroso volver a la colina plagada de contrabandistas y revoltosos. Maqroll teme volver ante la advertencia de Aníbal y de Empera, quienes pronostican que el próximo viaje “se pondrá feo”. Mientras espera las nuevas cajas de madera que llegarán al muelle, se recuesta en la cama y oye el manso “murmullo” del río que pasa bajo el cuarto que renta. Sueña y estos sueños lo ayudan a olvidar “la oculta trama de su destino” (p.139).

Todo se esfuma, como en los sueños, también este viaje a ras de tierra. Amparo María, otra mujer que ama al Gaviero, le anticipa que en su tercer viaje lo esperará en el camino como creyendo que estos desplazamientos son rutinarios y sin alteraciones. Idénticos. Qué poco conoce al marinero. No lo vuelve a ver. Maqroll alista su tercer viaje. Emprende el camino con el consejo de la ciega Empera: “Vaya con el ojo abierto”. Así, parte con la esperanza de que al retornar la anciana le dará una noticia. Se marcha con esa idea de saber de qué se trata; se va cansado, al último viaje terrestre, y sintiendo que los años ya le pasaron encima, con evidencias de ese deterioro. Parece un Larsen (de Onetti) abatido.

En la subida se escuchan las primeras explosiones. Hay un combate entre los falsos constructores del ferrocarril y los soldados. Esto no detiene al Gaviero que sigue escalando la colina llevando las últimas dos cajas a la cabaña de los mineros y pensando en salir con vida de este su tercer viaje. Como en las subidas anteriores, en ésta no llueve con dureza, pero la lluvia —ahora— se torna de plomo. Hay tensión. No es lo mismo ir en ascenso con el miedo a desplomarse que ir en subida con el ruido de las balas. Maqroll cumple con la tarea de llevar las cajas y comienza en lo inmediato el descenso al Llano de los Álvarez.

Los descensos son más rápidos pero el Gaviero mantiene la calma pese a los estallidos que se oyeron en los alrededores de las bodegas y de la cabaña. Se despide de Aníbal y de Zuro, a quien llama “un compañero ejemplar”. Esta será la última vez que los vea. Serán asesinados, así como Amparo María y otros más del llano. Sólo un sobreviviente dará la noticia a Empera de la masacre entre el monte. Maqroll querrá retomar su huida en un lanchón deteriorado. No podrá. Antes será arrestado por el ejército, interrogado y puesto a prueba sobre si en verdad ayudó en el último viaje al capitán Segura a desenmascarar a los rebeldes.

Un capitán de apellido Ariza le dirá días después del arresto, que su país, Chipre, ha pedido su liberación; que ya puede irse: “Ahí está su lanchón. Aquí tiene un salvoconducto para circular en nuestra zona. Ojalá le sirva” (porque) “usted estaba muerto hace rato”. En las hojas finales de Un bel morir, el Gaviero abandonará Puerto Plata. Un anciano le ayudará a empujar el lanchón para que se aleje lo más pronto posible ante la advertencia de los milicianos, de no volver, que lo han puesto en libertad. Ese empujón del viejo lo pone, otra vez, a navegar pese a que él ya se siente vencido como un “Caronte” (p.220), como aquel barquero mitológico. No lleva nada consigo, sólo el deseo de hallar “reposo”. Maqroll parte de Puerto Plata en el lanchón corroído.

En la subida se escuchan las primeras explosiones. Hay un combate entre los falsos constructores del ferrocarril y los soldados. Esto no detiene al Gaviero que sigue escalando la colina llevando las últimas dos cajas a la cabaña de los mineros y pensando en salir con vida de este su tercer viaje. Como en las subidas anteriores, en ésta no llueve con dureza, pero la lluvia —ahora— se torna de plomo. 

Se va con la noticia de que Flor Estévez estuvo aquí, buscándolo, amándolo. Abandona el pueblucho caluroso río arriba, quizá pensando en lo tortuoso que fue este viaje tierra adentro, al interior. Como en todo viaje circular, Maqroll vuelve a su origen: el río que da salida al mar.(p.211-212). Acotación: Puntarenas, Costa Rica, está en la cartografía de la obra literaria de Álvaro Mutis. Aunque esté escrito como Punta Arenas (la ciudad y puerto de Chile), el narrador de la novela La última escala del Tramp Steamer (1988) dice que el vapor “El Alción” ha llegado a la bahía de Nicoya, Costa Rica.

Este carguero hondureño, agotado y deteriorado, navegará por todo el Pacífico frente a las costas de Puntarenas hasta llegar a Panamá. El barco, de acuerdo con el narrador, lo ha visto en Helsinki (Finlandia), llevando aceite de oliva; y lo verá más tarde en Kingston (Jamaica). El narrador, al estar en Puntarenas, ve también pasar este navío de “agónico estertor” en sus motores. En La última escala del Tramp Steamer, Jon Iturri —el capitán del “Alción”— lleva mercancía de puerto en puerto ante la incredulidad de muchos por lo arruinado que está el vapor. A la par del viaje sostiene una relación amorosa con Warda Bashur, hermana de Abdul Bashur, el gran amigo de Maqroll el Gaviero: el eterno navegante.

Un día, Abdul apareció en Puntarenas. Iturri y él viajan al valle de San José, Costa Rica. En esta ciudad capital Iturri suelta una sentencia: “Lo de ustedes durará lo que dure el Alción”. Así fue. El narrador sabrá esto tiempo después cuando Iturri le cuente cómo perdió el amor de Warda y cómo naufragó el carguero en el río. Celebro estar en Golfito, en la región de Puntarenas. No sé con exactitud si “El Alción” hizo escala en la Herradura o en el Golfito, pero sí sé que este barco deteriorado, que navegó por el mundo, estuvo en Puntarenas. Fue visto por el narrador de La última escala del Tramp Steamer y por otros testigos, desde luego mostrando su vejez, pero sin perder el ánimo de mantenerse a flote, sólo deslizándose “irreal, con el jadeo agónico de sus máquinas”.

Referencias bibliográficas:

Bajtín, Mijail. (1989). “La palabra en la novela” en Teoría y estética de la novela. Trad. Helena S. Kriúkova y Vicente Cazcarra. Madrid, Taurus.

Beltrán, Luis. (2011) “Novela y diario” en El diario como forma de escritura y pensamiento en el mundo contemporáneo. España, Editorial Institución “Fernando el Católico” y Universidad de Zaragoza.

__________ (2007). “El viaje como categoría estética” en Palabras de viaje, Estética y hermenéutica del viaje. España, Ediciones Vitella.

Fernández del Alba. (2005). “Luz. Sergio Pitol, escritor mexicano de largas, intensas, travesías” en Homenaje a Alejandro de Humboldt. Literatura de viajes desde y hacia Latinoamérica, siglos XV-XXI. México, Humboldt State University y Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca.

Lindsay, Claire. (2016). Escritura contemporánea de viajes de América Latina. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo.

Manera, Danilo. (2007). “Viajes de papel y papeles de viaje: apuntes sobre andanzas literarias” en Palabras de viaje, Estética y hermenéutica del viaje. España, Ediciones Vitella.

Mutis, Álvaro. (2002). La nieve del Almirante. España, Punto de lectura.

__________(2003). Un bel morir. España, Punto de lectura.

Pitol, Sergio. (2000). El viaje. México, Editorial Era.

Raffeto, Roberta. (2011). Álvaro Mutis: hacia una épica posmoderna. Alemania, Editorial Académica Española.

Rodríguez, José Ángel. (2005). “Los paisajes interiores de Elisabeth Gross” en Homenaje a Alejandro de Humboldt. Literatura de viajes desde y hacia Latinoamérica, siglos XV-XXI. México, Humboldt State University y Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca.

* Texto publicado originalmente en la Revista Estudios, de la Universidad de Costa Rica.

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Acerca del autor

Kristian Antonio Cerino
Académico y periodista. Hizo estudios de Comunicación y Docencia en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco y de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Veracruzana. Es coautor de los libros "El hombre que se convirtió en espejo" (Universidad de Guadalajara, 2012) y de "Mundial de futbol Brasil 2014" (Universidad de Colima, 2015).

About Kristian Antonio Cerino

Académico y periodista. Hizo estudios de Comunicación y Docencia en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco y de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Veracruzana. Es coautor de los libros "El hombre que se convirtió en espejo" (Universidad de Guadalajara, 2012) y de "Mundial de futbol Brasil 2014" (Universidad de Colima, 2015).