
En mayo de 2000, cuando se habían cumplido treinta años de la muerte del poeta José Carlos Becerra (1936-1970) y el autor de Relación de los hechos hubiera tenido sesenta y cuatro años de edad, escribí este texto en el que me preguntaba por lo que pensaría él si hubiera tenido oportunidad de atestiguar esa lectura parcial y reduccionista de su obra a la que casi de forma inevitable ha conducido el homenaje oficioso y ritual del que ha venido siendo objeto.
Me pregunto cómo encararía José Carlos Becerra la idea de un homenaje a propósito de su obra inconclusa. A lo sumo, se mostraría complacido. ¿O insatisfecho?
Pensar que pudo haber escrito más allá de lo que ahora conocemos no puede sino dejarme perplejo ante la idea de un corpus en expansión y, sin embargo —por lo que todos conocemos— trunco.
José Carlos Becerra buscaba una obra, sí, pero no una obra desleída a fuerza de un reduccionismo que pretende ahogar a sus poemas en la irrealidad de lo que pudo haber sido. En lo absoluto. Y no obstante no dejan de sitiarme las siguientes preguntas: ¿Qué más puede decirse de una vida que tras el destello de su ascenso en el mundillo literario nacional de pronto se apaga para no dejar más que una estela? ¿Se pueden renovar acaso sus méritos, a fuerza de retornar una y cien veces a la breve descripción biográfica o a la cita que todo lo cancela, sólo porque un poema suyo no dice más que lo que el lector ha querido que diga?
Si algún límite nos impone la vida de quienes ya se han ido es el cerco monumental de su ausencia. No hay otra realidad cruzando esa frontera. Y lo demás es la duda, el desenfreno por la muerte que traza las señales donde habrá de reposar lo inexistente. Por eso la vida de José Carlos no basta para entender una obra que se encontraba en gestación y que aún permanece.
Entonces lo que jamás tendrá respuesta es nuestra propia incertidumbre (aquella que a cambio nos ofrece una ilusión). ¿Qué diría José Carlos de sus propias creaciones ante la crítica de hoy, empecinada en erigir valores sobre los escombros de la moda? ¿Seguiría escribiendo? ¿Continuaría narrando como en las pocas veces que lo hizo de forma afortunada? ¿A cuál grupo de la élite cultural se afiliaría?
No lo sabremos nunca. Y en cambio detrás de nuestra ignorancia laten algunas contestaciones, vestidas con el ropaje andrajoso de lo imposible: José Carlos proseguiría viajando para escribir del mundo y sus perplejidades, abrevaría de la historia, se obstinaría con huir de las formas poéticas de apariencia inmutable y quizás pronto tropezaría con el largo muro de la muerte.
Con José Carlos Becerra, es probable que Tabasco haya perdido la oportunidad de una real presencia en las letras nacionales durante los años recientes. Sería el gran poeta vivo de nuestra tierra; para muchos de quienes somos aspirantes al oficio poético (extraviados entre la espesura de la selva literaria), un guía luminoso.
Pero él murió en Italia hace muchos años, en una mañana en que corría para zarpar hacia un encuentro al que no llegó nunca.
Todo lo escrito aquí son sólo conjeturas.
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Acerca del autor
- Macultepec, Tabasco (1975). Economista y escritor. Autor de "Bajo el signo del relámpago" (poesía), "Todo está escrito en otra parte" (poesía) y "Con daños y prejuicios" (relatos). Ha publicado poesía, ensayo y cuento en diferentes medios y suplementos culturales de circulación estatal y nacional.
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